24 de septiembre de 2011

Ahora, sólo míra mis ojos y promete no soltarme nunca.

Mirame. Quizás encuentres en mi algo incorrecto. Vuelve a mirarme, esta vez hazlo con más atención. ¿Qué ves? Observa atentamente. Recorre mi cuerpo con tu mirada y dime qué ves. Detállame cada uno de mis defectos y anótalos en tu mente para cuando decidas partir. Pero ahora sólo mírame. Sabrás así que no soy lo que tu te encuentras buscando. Sin embargo sigue recorriendome con la mirada como si fuera la última vez que estaré aquí. Memorízate cada razgo dañado que se encuentra en mí. Sé que intentas meterte en mi interior, pero primero observa lo exterior. ¿Ves aquellas marcas en mi cuello? Anda, míralas. Aquellos recuerdos que dolían se impregnaron tanto en aquel lugar que no logran cicatrizar. Ya deja de reír y sigue detallando. ¿Puedes observar aquellos daños en mi espalda? Todo el peso de aquel dolor se incorporó ahí y nuevamente no quiere cicatrizar. Fotografía en tu mente todo lo que has de estar viendo en este instante. Ahora te daré permiso para que veas dentro mío. Observa muy lentamente, verás que no hay cuyo corazón al que esperabas ver. No, no se ha escapado a pesar de todo el daño que tuvo que soportar. No, aunque en su momento la frustración se apoderó de mi, no lo he tirado al vacío. Mira bien, ¿Puedes ver qué dice? Exacto, es tu nombre. No te alteres, por favor. Todavía no lo has notado, pero hace tiempo, y sin darte cuenta, me lo has robado. Entonces, hazme el favor de no huír, de estar cerca mío para que pueda continuar latiendo.

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