21 de diciembre de 2010

La despedida de Dulcinea.

Por lo visto ya dabas todo por perdido, Holmes. De repente todo lo que habíamos vivido se te había borrado de la cabeza justo en el momento en el que aquella frase se te pasó por la mente: "Pensé que esto no acabaría jamás". Quizás una parte de tí sabía que era mejor acabar con toda esta calesita que ya se había oxidado con el correr del tiempo. Y está bien, lo acepto, Holmes; sé que no fui la mejor compañera en tu camino, o la mejor amante que pudo enredarse en tus sábanas, pero te amaba, y no sabes cuánto te amaba. Te amaba con cada lágrima perdida, con cada fibra de mi ser, con cada odio obtenido. Te amaba como un niño ama a su muñeco preferido. Te amaba como ninguna persona había llegado a amar.
Si te hubieras puesto un segundo en mi piel, hubieras sentido todo aquello que pasaba por mi interior con tan sólo verte sonreír. Pero mi querido Holmes, no fue suficiente tanto amor para tí. Tú querías más y más, y yo ya no podía seguir entregándote aquello que pretendías de mí. Obtenías amor en otras personas tan fácilmente que ya me agotaba la idea de seguir de pie para tí. Pero sin embargo me dejaste ser valiente y besarte de repente, creer por un instante que yo era tu dueña, jugar ese juego en el que tú me amabas y yo creía en ello. 
Comprendiste mi mirada como nunca hubieras intentado mirar, y aquel día, obligado por mis impulsos de hacerte entender cosas que quizás no entendía yo misma, pudiste encontrar amor. ¿Porqué demonios justamente ahora vienes a notarlo? Si has tenido tus largos 23 años para poderlo notar. Sí Holmes, sí. Es amor. Esta vez no estabas equivocado. Pero aquel amor se desvanece con tu arrogancia y me aterra la idea de que desaparezca por completo y que creas que nunca lo he sentido.
En estos momentos tengo ganas de huir, Holmes. Ganas de no verte ni la sombra, de pensar que esto fue un sueño o una pesadilla. Pensar que nunca apareciste, que nunca has existido. Al mismo momento en que tengo ganas de besarte, de coincidir contigo. Ganas de acercarme un poco y amarrarte en un abrazo, de mirarte a los ojos y decirte Bienvenido. Que ganas de rozarte, que ganas de tocarte, de acercarme a tí, golpearte con un beso, de fugarnos para siempre sin daños a teceros. Pero quizás en otras vidas Holmes. Quizás en otras muertes.




Tu querida Dulcinea.





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